Irma Peirano

 

El cuerpo de ese canto
 
por Gabriela De Cicco

(publicado en la sección Cultura
del Rosario/12, Rosario, Santa Fe
16 de junio de 2004)


Irma María Tersilia Peirano nació en Chiavari, Italia, el 7 de marzo de 1917, y murió en Buenos Aires el 19 de febrero de 1965, a los 47 años.
A la edad de 13 años comenzó a enviar colaboraciones al diario “La Tribuna”, y a los 16 su producción comenzó a dejar de ser la de una niña. Peirano fue copiando esos poemas en un cuaderno que preanuncia futuras formas, temas y metros que estarán presentes en los dos libros que llegó a publicar: “Cuerpo del canto” de 1947 y “Dimensión de amor” de 1951. Formó parte de un grupo de escritores y artistas rosarinos que se reunían en lo de la familia Hernández Larguía, entre ellos se contaban Rubén de la Colina, Juan Grela, Jorge Riestra, Felipe Aldana. Trabajó en el diario La Tribuna donde, salvo para policiales, escribió en todas las secciones.
La “Poesía reunida” de Irma Peirano, tomo publicado por la Editorial Municipal de Rosario, cuenta con un prólogo de Martín Prieto; la investigación biográfica y entrevistas fueron realizadas por la escritora Delia Crochet.
Esta publicación tiene como base la realizada en 1983 por el poeta e historiador de la literatura rosarina Eduardo D’Anna: “Obra poética”, Rosario, Cuadernos de la Dirección General de Cultura, y se le suman otros materiales que estaban dispersos en plaquetas o diarios, y lo que fue el “primer” libro organizado por la autora, “Tiempo de soledad” de 1942, pero nunca publicado como tal. Un ejemplar rubricado por Irma Peirano fue conservado por el poeta y editor Francisco Gandolfo.
Subsidiaria de la poética de Alfonsina Storni, y apasionada lectora de Shakespeare, Petrarca, Góngora, o del Cantar de los Cantares, la poesía de Peirano presenta un postmodernismo que se autoelabora, que se pare asímismo, que a veces pretende irse del mismo límite de la Generación del cuarenta, o que bien vuelve a temas y formas afianzados por la misma Storni, y quizá un poco más por Delmira Agustini.
Contemporánea de otra Santafesina, Amelia Biagioni, que también dejó Santa Fe por Buenos Aires, no sabemos bien qué camino hubiera tomado la poesía de Peirano si no hubiera dejado de escribir y alejarse de lo literario a finales de la década del cincuenta, presumiblemente por una ruptura amorosa.
Biagioni al menos pudo ir despojándose de la impronta pedroniana de sus primeras composiciones, abriéndose paso a otro tipo de experiencia poética. Peirano logra algunas experiencias pero a un nivel temático, no de métrica ni de forma.
Cultivadora del soneto tanto de versos alejandrinos como endecasílabos, o de poemas con forma un poco más libre, su poesía se diferencia como bien dice Martín Prieto de aquellos poetas “excéntricos” de la Generación del Cuarenta: Alberto Girri, Joaquín Giannuzzi, Olga Orozco, o Enrique Molina, y tampoco entabla diálogo “con el simbolismo litoraleño que se iba consolidando en los libros de Carlos Mastronardi o de Juan L. Ortiz”.
La obra poética de Irma Peirano pasó desapercibida o bien fue ignorada por quienes en los años 50 y 60 fueron fijando el canon de lectura de la poesía de nuestro país en la primera mitad del siglo pasado.
Así como en 1983 se fijó el primer mojón de hacer presente en la historia literaria de nuestra ciudad esta obra intensa, desafiante, el presente volumen viene a confirmar la necesidad de recuperar este y otros corpus poéticos de autoras de Rosario.
Y es de celebrar que el próximo viernes 18 de junio a las 19,30 hs en la Biblioteca Argentina, quien encabece la presentación de “Poesía Reunida” sea la poeta y traductora rosarina, Mirta Rosenberg.
 
© 2004 Gabriela De Cicco.
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Biografía/ Bibliografía

Irma Peirano nació en Chiavari, Italia el 7 de marzo de 1917 y murió en Buenos Aires el 19 de febrero de 1965.

Libros publicados:

“Cuerpo del canto”, 1947
“Dimensión de amor”, 1951

 

CONTEMPLATIVA

El mundo espectral. En torno llueve
y siega el viento el cuerpo menudísimo
de las gotas de agua.
Me apuñala los ojos abstraídos
el naranja veloz de los relámpagos.
La misma lluvia miras? La misma luz te hiere?
Sientes el mismo frío?
Tiene esta vida oscura
la luminosidad del desvarío.