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Todas las personas tenemos el derecho de expresar nuestras opiniones
libremente, pero ¿qué pasa cuando esas opiniones son discriminatorias,
ofensivas, aunque a veces se disfracen de chiste? De vez en cuando, esa
libertad abre puertas hacia la impunidad, como por ejemplo las últimas
expresiones del Ministro de Economía acerca de los desaparecidos.
Pero el 10 de Febrero, por la noche, me tocó oir como el Sr. Jorge
Ferrari, presunto periodista, dijo en su programa radial "Al caer
la noche" , que "Los homosexuales son enfermos. Para mí
la homosexualidad es una enfermedad". Todo esto lo dijo a raíz
de una pregunta que le realizaron acerca del próximo casamiento
de Elton John. Al instante salté y llamé a la radio, pero
así como fue rápido para dar libremente su opinión,
así, el Sr. Ferrari ya se había marchado de la emisora.
El Sr. Ferrari parece desconocer que hasta la Organización Mundial
de la Salud ha dicho muy claramente que la homosexualidad no es una enfermedad.
Y sí, me digo, no es la primera vez que se dice ésto (hasta
el Papa lo ha dicho), pero no hay razón para aceptarlo. No hay
razones válidas que apoyen la impunidad con que se dicen ciertas
cosas en este país, por parte de funcionarios o bien por parte
de ciertos "periodistas". Obviamente su mensaje discriminatorio
no le llegará al cantante inglés, pero sí le debe
haber llegado a algún/a oyente de esa noche.
Y éste, aunque lo parezca, no es un hecho mínimo. Es más
leve comparado con lo que está pasando con los/as extranjeros/as
indocumentados/as. Es más leve que las criminales políticas
que se están implementando en nuestro país. Pero no por
éso se debe dejar pasar por alto lo que digan los/as oficiantes
de la discriminación. Como así tampoco dejar que se lleven
a la gente por su "cara" o por su color.
Si nos ponemos a pensar, son casi las mismas políticas que se pusieron
en marcha a finales del otro siglo cuando la peste, primeramente, provenía
de los mataderos y aledaños. Y después la "peste"
fueron los/as inmigrantes a los que se les abrió la puerta desde
la mismísima Constitución Nacional. Y luego la persecuta
fue a los homosexuales, prostitutas, pero no necesariamente a los cafishos.
Un libro muy ilustrativo sobre esa época y muy bien documentado,
es el del autor argentino, Jorge Salessi, Médicos, maleantes y
maricas. Y allí podremos ver cómo se a repitiendo la historia
casi paso a paso.
La cuestión de fondo sigue siendo, (y lo que más me molestó),
la Impunidad. La Impunidad que tienen algunos para matar y nunca ir a
prisión; la Impunidad de los violadores que si te resistís
te pegan un tiro en la cabeza y que de cualquier manera te cagan la vida,
y más aún las leyes que no terminan de ampararte.
Impunidad para matar de hambre al pueblo y dar de comer a unos/as pocos/as.
Impunidad para discriminar, ofender y seguir en los cargos (si hubiese
un Presidente inteligente al mando, el Sr. Roque Fernández ya no
debería estar en su puesto, por ésas declaraciones y por
otras cosas...). Pensemos que unas consideraciones semejantes a las dichas
por Ferrari ( y hasta peores) en boca del ex jefe de Policía, De
Matía, (por suerte) le valieron ser removido de su puesto hace
unos meses atrás.
Aquí, en escala, claro, qué le hace que un tipo diga lo
que diga en una radio, en un diario, en un panfleto. Pero el pensamiento
que aniquila parece florecer y multiplicarse en nuestra sociedad. Y no
sólo el pensamiento sino también el accionar. Parecen tener
blancos más que claros: todo lo diferente molesta. O lo ignoramos
o le damos de palos. A veces con la palabra, otras con la acción.
Y entonces sucede que ya estamos cansados/as para reaccionar, para contestar.
Éso es lo que quieren: desgastarnos, dejarnos paralizados/as, hambrientos/as,
desalojados/as de nuestra propia vida.
"Fue una broma" me dijo el operador de la radio que me atendió.
No, flaco, no fue una broma, no sonó como broma, y si lo fue, entonces,
tengo derecho a emitir mi opinión, libremente, sin ofender al Sr.
Ferrari, pero diciéndole, como ha sabido decir la cantante Melissa
Etheridge: "Vos podrías haber sido yo; yo podría haber
sido vos". Sospecho, que en esta circunstancia, ni él ni yo
quisiéramos estar en el lugar del otro o de la otra.
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